Un paseo por Aracena

Un paseo por Aracena

ARACENA… de pata negra

“No solo de playas vive el hombre…” ni el turismo, claro. El suelo español es rico en mar y monte, sin duda. Y sus lugares dignos de ser visitados son tantos, que no bastaría una vida entera. Ya que, en cualquiera de ellos se podría vivir eternamente.

Pensamientos filosóficos aparte, y sin ningún temor a caer en la sobra, cuenta la península ibérica con una inmensa variedad en panoramas a elegir. Interior o costa, sin sospecha de exageraciones, ofrecen al caminante sus productos originarios, paisajes, monumentos, alojamientos e historia, lejos del menor atisbo de cicatería. Abundancia es lo que prevalece en todo el territorio español, y se puede escribir esto no cayendo en la fidelidad a ultranza. Solo y únicamente, en el tono más neutral que se merezca poner sobre el papel.

En el Parque Natural “Sierra de Aracena y Picos de Aroche” al lado de la carretera nacional 433 que lleva de Sevilla a Lisboa, justo en el kilómetro 89, con su castillo por bandera, se eleva la bonita ciudad de Aracena. No por gusto lo de “se eleva” porque efectivamente crece alrededor de su castillo, circundando la loma que lo sostiene.

Pueblo blanco de Andalucía, serrano donde los haya, y tremendamente agradable a la vista, tiene posesiones de incuestionable valor, como La Gruta de las Maravillas. Y por su idiosincrasia natural y serrana, lo que se ha dado en llamar Pata Negra o, para que nos entendamos, el exquisito producto del cerdo ibérico, El Jamón de Bellota.

Tanto es así, que periódicamente se celebran certámenes de cortadores y, reciente, La Feria Regional del Jamón y del Cerdo Ibérico, cuya intención es crear un escenario de argumento y debate sobre el ganado porcino y sus derivados. Si alguien desea probar tales exquisiteces, puede acercarse a Aracena el tercer fin de semana de cada Octubre, todos los años. Y el próximo 2009, en mayo, se convierte en capital del mundo con el Congreso Mundial del Jamón.

Sin embargo de esas celebraciones, durante todo el año se puede visitar, pues no pierde encanto en cualquier temporada, ni sus productos sustanciosos se deterioran. En otoño, por ejemplo, cuando el clima no es ya tan caluroso, o, acercándose más al invierno representa el entorno una belleza peculiar, con sus castaños en sazón, coloreadas hojas de añejo que siembran el campo de hábito rojizo. Bellísimo escaparate.

De paso que los amantes del jamón se regalan el paladar, pueden visitar La Gruta de las Maravillas, que se descubre rozando el fin del siglo XIX, y se abre al público en 1914 como la primera cueva turística de España.

Germen de belleza interminable, fraguada solo por la mano del tiempo, cuya única ayuda fueron dos humildes mecanismos: agua y piedra. Caprichosas formas y espejos naturales que permiten al visitante gozar de casi un kilómetro de un mundo surrealista, como si por allí hubiese pasado el mejor Dalí de cualquier época. Sobrecoge el portento.

Por el mes de Junio la romería, que une a las hereditarias costumbres marianas de los pueblos, que no desdeñan la fiesta a pesar de la devoción. De la Divina Pastora, se llama, y cubre el recorrido desde la misma Aracena, hasta la vieja ermita de “Las Granadillas” en el exacto lugar que se ubicaba la aldea del igual nombre.

Aquí retornan protagonistas los caballos, carretas y bueyes, peregrinos y romeras; montar, andar y cantar, mientras algunos tragos lubrican el gaznate. (Hay que dar ánimo a la cruzada)

También, eso por Septiembre, existe otra peregrinación en romería con distinta patrona. Ésta se llama Reina de los Ángeles, y asienta sus reales en el Santuario de la Peña de Arias Montano. Otro lugar a conocer sin excusas.

Aracena está plagada de eventos. Además de las fiestas tradicionales, como Reyes, Carnavales, Semana Santa, Romerías y Feria Grande, distrae con variados certámenes musicales. Las bandas de música del contorno, de Sevilla, de Extremadura e incluso del querido país vecino, Portugal, o conciertos en la iglesia del castillo de música antigua. Composiciones musicales andalusíes, medievales, renacentistas, barrocas o prerrománicas, embriagan con sus notas el recogido recinto de inigualable sonoridad.

Y La Semana Santa Chica, tres domingos después de la Pasión. Como su sobrenombre indica, ésta la gobiernan, forman y preparan los más pequeños de la ciudad. Hecha por niños que demuestran su capacidad de observación, al igual que la organizativa. Digno de verse.

Se añaden “rondas de campanilleros”; jornadas de búsqueda, estudio y reconocimiento de la variedad de setas que nacen en sus campos; “rehiletes”, “mercados de quesos artesanos”, “migas solidarias” y un sinfín de actividades culturales como teatro, óperas, zarzuela, literarias, fotográficas, etc…convierten a esta ciudad en una “capital” de la serranía de Huelva.

Sin titubeos.

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