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El Arenal, Sevilla

El barrio del Arenal… Sevilla

“El barrio del Arenal es el recuerdo de una Sevilla marinera y colonial que ya no existe…” citan algunas fuentes.

Se refieren, sin duda, a lo trascendental del puerto que así recibía el nombre, en la Sevilla del Siglo de Oro. No les falta razón, pues es cierto que hace mucho que el puerto pasó a distinto enclave.

En la imagen de azulejo se puede observar un esbozo magníficamente representado.

Pues se dice por aquí, que donde hubo siempre queda. Y es el caso.

Se plasmaba en los pergaminos el año del señor 844, cuando llegan los (….) Vikingos y saquean Sevilla. Entonces había por estos parajes un tal Abderramán II, que amuralla la ciudad y deja fuera toda la explanada junto al río, que poco a poco se va convirtiendo en un mundo diferente. Y debió de serlo, tanto, que aún sigue siendo diferente.

Un siglo camina tras de otro, dando sitio al arrabal arrebujado al socaire de ese muro. Industria marinera que arranca el moro; la continúa Fernando III El Santo, (patrón de esta ciudad, yacente al frescor de las losas catedralicias) construyendo astilleros y apostando el Almirantazgo de las flotas de Castilla, para que algunos siglos después, concretamente en el XVIII, Carlos III apisone las atarazanas con la Real Maestranza de Caballería –plaza de toros- y Maestranza de Artillería –hoy el teatro-.

En la escala de importancia que llegan a cobrar los extramuros de las distintas ciudades, más o menos grandes, El Arenal de Sevilla es una viva muestra de ello.

Barrio que evoca épocas de grandeza, cuando Sevilla contaba como ciudad de las más importantes del mundo y llama a gritos a los sevillanos en Semana Santa, o en cualquier tarde de sol y toros.

Y es cierto que ya en el Arenal “solo” quedan monumentos, como la Real Maestranza de Caballería, que aún se sigue llamando así; el Teatro de la Maestranza, La torre del Oro, la de la Plata, el Postigo, la Carretería…el Guadalquivir, el Baratillo…el paseo Colón, la avenida de los Reyes Católicos y un sinfín de cosas más.

Ya en el Arenal, solo queda bares de tapas; o tabernas de nombre Pepehillo, para saborear el ambiente taurino; bodeguitas como Morales, donde la tapa y el vino son reyes; Antonio Romero, Carriles, Casablanca, bodeguita San José, y el restaurante Torre de la Plata, se suman a otro montón que necesita un cuaderno.

Ya en el Arenal, el río y la Torre del Oro, son mudos testigos de Esperanzas, de Trianas, de Cachorros, de pasión y palmas. Todos los años en abril, y volvemos a evocar el azahar, imperturbable, el Paseocolón se acicala, para salidas a hombros de toreros, cristos, vírgenes y canastas.

Ya en el Arenal, un pueblo, que es el pueblo de Sevilla, se goza y añora que alguien se quede sin verlo.

Ya en el Arenal, entre los olés y aplausos que salen de la Maestranza, se escuchan las voces fantasmas de miles de marineros que aún, no se han podido marchar de Sevilla.

Aqui podéis ver el video>>>>>>

Ruta de la imagen en sevillaonline.es

 

Aguilas, rincón de ensueño…

Esta es la canción Mediterráneo, posiblemente, la mejor canción jamás cantada. Su autor Joan Manuel Serrat, nos deleita con una descripción asombrosa y perfecta del mar de los mares. Podéis escucharla mientras leeis. Saludos y a disfrutar.

De Algeciras a Estambul, preñado de olor a brea, azul, sabio y tranquilo, el mar Mediterráneo añade a sus costas este hermosísimo rincón. Para permitir una contraseña incomparable de la sabiduría que vertieron en él centenares de pueblos, se empeña en mojar las cuatro bahías de Águilas, allá por la provincia de Murcia.

Muy cerquita de la ciudad que comparte nombre de ilustre poeta, Lorca, embebidas y obstinadas en las formas del hermoso pájaro que les da nombre, acogen al viajero con un perpetuo clima primaveral, dejando que el mismísimo ambiente le lleve y le traiga sin más pretensiones.

Águilas nacía como flamante ciudad en la época de Carlos III. Y dicen los mentideros que de su forma de pensar, o iluminada sabiduría, apoyado por unos ministros que le secundaban, llamados Aranda y Floriblanca.

Nobles de hidalguía, y sin embargo políticos, todos se pusieron por la labor en el año 1785, con el ánimo de instalar un puerto que diera salida a los productos autóctonos. Éstos no eran otros que cualquier fruto derivado de la huerta, extensa y fecunda vega que engendra y da a luz con agradecimiento, sin cortarse un solo pelo.

Y lo que fue pensado en comercio, que para eso vinieron los Fenicios por aquellos lares hace mucho, mucho tiempo, se convierte en un lugar de eternas vacaciones.

Las bahías de Cope, Hornillo, Levante y Poniente, que así se llaman, albergan unas playas preciosas para dejarse acariciar por la brisa del hospitalario Mediterráneo. Con un número considerable de ellas, entre las que destacan Las Delicias, Calabardina, La Colonia, Calarreona, -o playa de La Tortuga- La Higuerica… que brindan caracolas de espuma y sal, esas que mojan la piel sin dejar alguna huella.

En Febrero, o febrerillo el loco por aquello de su inestabilidad estacional, la “locura” del disfraz y el disparate esperpéntico de danzas y piruetas, llegan a Águilas que nos ofrece unas fiestas de considerable diversión: los carnavales. A los que hay que prestar una especial deferencia, porque de año en año los vistosísimos desfiles se superan en tono y encanto.

Cortejos a que dejaron paso, muy cercano en el recuerdo aún, otra fastuosa comitiva; ésta de Reyes y Magos, ilusiones, caramelos y juguetes para niños y no tan niños.

En Marzo o Abril como es preceptivo, la Semana Santa; acompañada en pasión de Jueves y Viernes de Dolores por la monumental Banda de Música del Patronato Musical Aquileño. Que arranca desde la puerta del Ayuntamiento, al compás de una marcha soberana.

Y todo esto, para tropezarse casi sin querer con la romería próxima a San Isidro, donde los faralaes, sombreros de ala ancha y caballos, toman protagonismo, saltando de pena y lágrima a diversión sin atenuantes. Bellas mujeres a la grupa, luciendo como un maravilloso día de sol. Así de sencillo.

Águilas es un lugar de ensueño, que alberga recónditas calas en sus bahías, con escasa diferencia de vírgenes; gentes hospitalarias, abiertas y divertidas, y cuna de genios. ¿Alguien no sabe que allí vieron venir al mundo a Francisco Rabal?

Y, como el terreno es caritativo, cuenta con espléndidos hoteles, y -no menos gloriosos- recogidos y cómodos recintos para deleitarse con la gastronomía. Disfrutar del olor a pez y sal, de la brisa del Mediterráneo, de sus fiestas, playas y calas, es bien sencillo. El video aqui

Castrodorrey