Azahar e incienso se conjugan

Como las aves migratorias y la primavera; la harina y el pan, el mar y la sal, azahar e incienso se conjugan en compañía indeleble.

Los naranjos que pueblan las calles de Sevilla nos embriagan con su aroma de azahar, incipiente aún en sus ramas, pero penetrante ya en los sentidos. Y los ligeros perfumes de incienso, tímidos siquiera en las casas cofrades, anuncian la semana más grande de fervor y devoción de este pueblo.

La primavera que vamos de recibir, ya nos habla de promesa y pasión, de silencio, chicotás y vítores; palmas y dolor, vida y muerte, para llegar a la gloria…así viene la Semana Santa.

España es un país que no desdeña jamás sus tradiciones, y es en esta época, apenas entrada la primavera, cuando se desborda una de las más arraigadas, la Semana Santa….   Y la de Sevilla, podría ser el estandarte que representa este pasaje de devoción y procesiones…

…así que, hoy, sin remedio, comenzaremos anunciado la que puede alcanzar el adjetivo de irrepetible, en todo un mundo de fervor y devoción. Es un espectáculo de preciosismo sin parangón, único y singular.

Muy, muy singular, pues sus imágenes, asentadas en canastas orfebres y pesadas, albergan bajo sus trabajaderas un ingente número de costaleros, que hacen de su pasión un arte: llevar y mecer sus pasos, cual si vírgenes o cristos caminasen sobre la multitud… Y sus bandas de música, las que siguen año tras año a sus cofradías, completan un paisaje compacto de armonía y colorido, que alientan aún más a la muchedumbre que entusiasmada, sigue a sus santos por calles y plazas durante horas.

Y la primera del Domingo de Ramos, “la borriquita” que preside este post, cuyo programa podréis escuchar aquí

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