La Giralda de Sevilla…

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LA GIRALDA DE SEVILLA

Bella y altanera se erige apuntando al cielo, para demostrar al mundo la simbiosis más perfecta entre culturas, religiones y credos; dominaciones, conquistas y reconquistas, dejaron esta magnífica torre en la ciudad que la exhibe, orgullosa, para enseñarnos la constancia del ser humano sin paliativos.

Atalaya de la antigua mezquita musulmana, que, mirando siempre arriba sin humildad alguna, nos deja muy clara la sabiduría arquitectónica de algunos antepasados de Almutamí. Después de ser en su día -allá por el siglo XII- la torre más alta del mundo, se queda ahora con sus casi 98 metros, como el edificio que ningún otro puede sobrepasar en esta preciosa ciudad. Digamos que su leyenda se resume en “invariable dominante”. (circunsancia que desafortunadamente ya ha cambiado, como explico en el post añadido al pie de esta entrada)

Para llegar hasta la terraza que hay debajo del cuerpo de campanas, y, por poco, tocar los pies del Giraldillo, una rampa interior gastada por los cascos del caballo del sultán, además de fieles e infieles de todo el globo, transporta a los visitantes a una vista de pájaro que cualquiera podría desear: la ciudad entera a tus pies.

Algo “crecida” tras la reconquista, se siente coronada en el año 1568 según habla la historia, por una descomunal estatua de bronce que, “solo”, es una representación de la Fe en femenino, de unos 3.5 m de altura y 130 k de personalidad, vestida a la romana (para que nadie olvide que también estuvieron por aquí) que envía a los ojos de cualquier viandante, una fabulosa reverberación en cualquier día de sol. Restaurada en 1999 del siglo pasado, y sustituida mientras por una réplica idéntica, para no dejar sin referente al viento que suele acariciarla, hasta volver a su sitio seis años después, ya en otro siglo.

Y, como la estatua tiene una palma en la mano y escudo en la otra, hace de veleta para dar su nombre a la torre: De girar= Giralda…

Conjunto digno de regalarlo a la mirada, pues a sus plantas, construida sobre la mezquita islámica que señalaba, está la Catedral de estilo gótico cuyas cúpulas tienen compás de flamenco y hasta la lluvia embellece. Abrazadas como madre e hijo, sin importar a que culto se ceñían ambas, y así  ilustrarnos más sobre la obra del hombre.

Muy, muy cerquita, está el barrio de Santa Cruz, legendario, de “estrechas callejas, faroles y rejas… y un cielo azul….” que dice una sevillana de Los Cantores de Híspalis, de empedrados ancestrales y naranjos a puñados, fundiendo el sentido del olfato con el aroma de azahar, en abril, allá por Semana Santa.

Olor a pasión y vida que se puede disfrutar en un hotel a un suspiro de pasos, albergado en un palacio de los de verdad, y se llama Doña María. Como se ve en la imagen, desde la comodidad de su terraza, imperturbable, recuerda el motivo de la visita.

Y, para degustar las exquisiteces gastronómicas de los alrededores, nada más que echar un vistazo por aqui, De tapas por Sevilla que este sitio si que te va a informar de veras donde puedes comer y tapear por Sevilla.

 

Procedencia imagen superior>>>>>>

Imagen destacada>>>>>>>>>>>>>>>

La Giralda, ya no será sobresaliente…

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