Las campanas de Toledo

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Otra era la frase “Los concilios de Toledo”, que nada tiene que ver –o mucho- con las campanas de la torre de la catedral.

Las leyendas que circulaban y aún hoy se pueden leer en algunos libros, o escritos que se publican en medios más modernos, no tienen desperdicio. Si tomamos en cuenta a “Los Templarios” por un lado, y a la “Santa Inquisición” (mal llamada santa) por otro, nos topamos con un compuesto difícil de digerir en nuestros días. No obstante, para eso están las crónicas: para aprender –tanto si hay verdad como si no- lo que se llegaba a hacer en nombre de Dios, por perfidia de los hombres, que nunca, jamás,  se debe repetir.

Aunque mucho nos tememos que, por desgracia introducida, de otros modos bien distintos, se continúan perpetrando hechos lamentables. En nombre de falsos patriotismos, religiones incluso, o castigo a los que se consideran menos afortunados por su raza, creencias o ubicación. Absurdas posturas del ser humano, que alguna vez debería escarmentar por cabeza ajena. Como ejemplo, no torturar ni guillotinar, ni ejecutar en público, con exactitud puntual de lo que hacían sus antepasados. Por ninguna de las razones que sean posibles de imaginar. Ninguna.

Haciendo a un lado las lamentaciones, reflexión y mea culpa, pasemos a saber algo más de la Toledo Monumental.

Hoy hablamos de las Campanas de Toledo. Que entre todas está “la gorda” como familiarmente se conoce este portento de metal sonoro. Su “corpulencia” no menosprecia su leyenda, ni un solo ápice.

Procedente de otro lugar de España –como no- fundida por artesanos que siembran el mundo con sus tañidos (Perú, México…entre otras) asume el protagonismo de la solemne torre que la alberga. Trasmiera, Cantabria (concretamente en Arnuero) dicen algunas fuentes que se fabricó. En 1755, Alejandro Gargallo -campanero de la catedral de Toledo- pasaría a la historia de los campaneros del mundo, al llevar a cabo el diseño de esta obra de 2,29 metros de altura, 9,17 de circunferencia, un diámetro de 2,93 metros, y peso aproximado 7.500 kilos.

El campanario de la Catedral de Toledo, puede ostentar este corpulento artificio con orgullo y preñado de historia: “La Gorda” en el centro de otras ocho de menor tamaño, pero no de menor importancia. Sin contar la estancia superior, en la que existen varias más, incluidas las del reloj.

Además de señalar que en su inauguración, tras una serie de inconvenientes maquiavélicos para colocarla en lo alto, el primer tañido, reventó literalmente todos los cristales del contorno. Y tiene una grieta de, aproximadamente, un metro de longitud, que unos dicen que fue al colocarla entonces, y otros, que los fundidores la dejaron por causa de su tamaño, a modo de junta de dilatación.

Pero opiniones arriba o abajo, no evitan las leyendas que existen…campanas incluidas o no.

Como por ejemplo… “Corría el desdichado y turbulento reinado de Enrique IV, llamado el Impotente, más por su desacierto y desgobierno que por su supuesta incapacidad para engendrar herederos de la Corona. Castilla arde en constantes luchas entre las distintas familias nobiliarias que se disputan el poder que un rey débil y voluble no sabe ejercer. En Toledo, esta puja de cristianos nuevos o conversos, y la de los Ayala, adalides de los cristianos viejos. La lucha, inevitablemente, estalla y se concentra en torno a la Catedral, cuyos muros quedan salpicados por la sangre de los contendientes….” 

Más adelante detalla como don Diego de Ayala camina agotado de  las luchas, para refugiarse en los brazos de su amada Isabel, y tropieza con unos enmascarados que arrastran a una doncella que grita y se retuerce. Que al intentar liberarla del secuestro, descubre con estupor que no se trata de otra que su adorada.

Luchas, cuchilladas y mandobles, dan con el milagro del Cristo de la Misericordia, cuya imagen sobre sus cabezas, al sentirse implorada, abre los muros y les engulle para protegerles.

Luego, la leyenda continúa en un excepcional contexto , relatando como las campanas se volvieron locas tocando arrebato, sin que mano alguna las accionase.

A partir de ahí, crece el nombre del Cristo de Las Cuchilladas, como testigo sin igual de tales fábulas, que dan lugar a la nombradía de las Campanas de Toledo.

No queremos que las fechas desvirtúen ninguna mitología, ni daremos lugar a ello. De este modo, que cada cual contemple los citados carillones, sus historias, su importancia, y de hecho toda su personalidad, a su libre antojo.

Sin dudarlo que el romanticismo, unido a la verdadera historia de Toledo, da lugar a sueños y relatos sin ningún desperdicio, utilizando idéntica palabra que al principio de este articulo.

Absolutamente necesario es, visitar esta preciosa ciudad.

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