Mi hija

IMG-20151019-WA0001Es tan difícil describir esta nueva etapa de mi vida, que en todos estos días, aún en la constancia del pensamiento, tengo que sacar fuerzas de no sé donde para comenzar a establecer algo sobre ello.

Me supera. Definitivamente la situación me supera.
En cualquier otro caso, escribiendo y escribiendo para pergeñar ideas, ya señaladas ya de propia cosecha, jamás tuve tantísima pereza para contar algo. Y no digo bien al tratarlo de pereza, creo. Más bien, incapacidad para escribir, contar, narrar, relatar, detallar, en definitiva expresar, cual es mi sentimiento sobre lo que acaba de ocurrirme.

Eso si, desde el principio se me erizaban todos los vellos y hasta los mismísimos poros que los afloran. Desde su primer llanto que escuché antes de entrar en la fria sala contínua al paritorio. Y en ese llanto, que llevó mi emoción a la máxima potencia, ya la conocí…era mi hija. Luego, cuando la vi en aquella cuna de plástico transparente, con sus brazos tendidos y pataleando hasta decir basta me pareció estar flotando en otro mundo. Claro, le faltaba su madre que estaba en el dichoso “despertar” Asi que me fui y la cogí en volandas y le hablé…y entonces dejó el llanto…ahí ya me sentí el hombre más feliz del mundo, ante el estupor de los que por allí había, enfermeros, enfermeras, doctores, doctoras, etc., que se extrañaron de tal cosa.

Ahora ya, cuando la tengo en mis brazos, cuando la miro mientras duerme, o mientras abre esos ojos que son más que soles; por supuesto cuando llora, o hace el más mínimo movimiento como fruncir las cejas, o una sola que también sabe; cuando escucho su respiración al buscar la teta como cualquier cachorro tembloroso y desvalido. Indescriptible! Es imposible. Es tal el sentimiento, que no se puede trasladar a expresión alguna.
Primero, por no caer en la verborrea televisiva en la que todo el mundo dice “bestial” “brutal” “bárbaro” o cualquier otro adjetivo de novísima adquisición (copiado hasta resultar repulsivo, por cierto) ni nada que se le parezca. Segundo, porque ningún sentimiento tan profundo cuaja con una sola palabra, por muy altisonante que sea.
Por lo tanto, solo voy a decir una cosa: la sensación no se parece a nada conocido. A nada.
Solamente, me siento el hombre más privilegiado del mundo. El más de lo más.
Hija mía ¡va por tu madre y por ti!!!!

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