Edición 23/11/2011-3ª de San Juan de Aznalfarache

Curioso y sorprendente el cementerio de perros de Valparaiso.

¿No es verdad ángel de amor que en esta apartada orilla, más pura la luna brilla…. Y se respira mejor?
Seguro que estas estrofas son de todos conocidas… y quizá ignoramos todos en donde fueron paridas
Por no hablar del mundo entero ¿Conocen los sanjuaneros que muy cerca de sus casas estuvo José Zorrilla?
Pues señoras y señores… no ha lugar a sus temores, pues es cierto, que de apellido Zorrilla y de nombre don José, hizo aquí a Don Juan Tenorio… y también a Doña Inés.
Quizá inspirada en sabores del Burlador de Sevilla…  a quien  de nombre don Tirso y de apellido Molina, atribuyen aquél mito del don Juan de los requiebros…
Tal vez que no fuera un muerto el convidado de piedra, que campara a sus respetos por el convento y la vega… haciendo pie en los pantanos y asustando en los esteros.
Pero pueden afirmar que estuvo en Valparaíso muy cerquita de la huerta, la muralla, el monumento, calle real, la bodega… y capítulos enteros.
Que sí, que aquí se escribió el Tenorio, en San Juan de Aznalfarache, el del Cerro, los terceros, los condes, los olivares,  los romanos y los árabes, los fenicios o tartesos… si, ese San Juan que es un pueblo…..muy cerquita de Sevilla…
Ese pueblo al ladito de Sevilla, que se acicalaba cada mañana de paso de carretas… que aplaudía sin medida o distinción a todos los simpecaos y a sus romeros… que gritaba vítores a la Blanca Paloma, y que hoy, ya puede verla allí en su sitio, en la capilla del Rocio, cubiertos con su flamante hermandad de sanjuaneros…
El San Juan del que hemos hablado en estos días, unas cuantas de sus más apreciadas vistas, y con toda certidumbre, que nos dejamos mucho atrás.
Porque se puede hablar de un pueblo… se pueden contar sus costumbres y relatar su historia… pero lo que no se puede de ninguna de las maneras, es, retratarlo como se merece. Para eso, hay que vivirlo y amarlo, hay que pensarlo y soñarlo… por aquello de los sueños que se hacen realidad
Este es el pueblo que en su día me acogió, a mí y a mi familia, porque mi querido padre que ya no puede verlo, decidió así, pasar en él sus últimos años.
Aquí, tuve ducha por primera vez en mi casa, y agua  caliente.
Aquí, conocí el camino del Rocío, pues también me asomaba para ver pasar las carretas.
Aquí tuve mis primeros devaneos amorosos, de cada tarde subir a pasear bien arregladito, a la preciosa vista del monumento y su muralla…
Aquí pude decir, por primera vez también,  SOY  de San Juan de Aznalfarache.

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